Con los sucesos del Teatro de Villanueva el teatro cubano se comprometió para siempre con el destino de la nación y la escena teatral devino arma del proceso revolucionario cubano.Transcurría la noche del 22 de enero de 1869, a solo pocos meses de iniciada la Guerra de los Diez Años. Banderas cubanas, cintas rojas y azules, estrellas solitarias en los vestidos blancos de las actrices, que lucían el cabello suelto, adornaban el Teatro Villanueva de La Habana. La escena cubana desafiaba al colonialismo. El programa previsto incluía un popurrí delicioso, que ponía a volar la imaginación patriótica. El grupo Caricatos representaba la obra Perro huevero aunque le quemen el hocico, del dramaturgo Juan Francisco Valerio, una obra con sabor criollo, donde el choteo, la burla y la comicidad típicas del incipiente teatro cubano, aludían directa o indirectamente a la situación sociopolítica de esta isla antillana.