Fe del Valle no tuvo la oportunidad de criar a sus nietos, el terrorismo de estado segó la vida de esta cubana, que desafió las llamas de la muerte, para salvar los bienes de la naciente Revolución. Era la tarde del 13 de abril de 1961. La tienda capitalina El Encanto, cerraba las puertas al público sin sospechar que desde su interior se planeaba un sabotaje. La reciente nacionalización del mayor establecimiento comercial del país, lo convirtió en blanco de ataques del grupo terrorista dirigido por la CIA.
Carlos González Vidal fue la marioneta designada para perpetrar el siniestro. Dos petacas incendiarias con explosivo C-4, provocaron la llamarada que par de horas después, redujo a escombros siete pisos y más de 60 departamentos.
Grandes lenguas de fuego se elevaron desafiantes en el aire y el calor abrasador, propiciaron un ambiente infernal. Bomberos, milicianos y todo un pueblo revolucionario lucharon sin descanso para doblegar al fuego. No hubo espacio para el sosiego. Buscar entre los escombros un rastro de vida, se impuso ante la fatiga y el dolor provocado por la barbarie.
Los daños materiales ascendieron a 20 millones de dólares, un edificio monumental de inicios del siglo XX pasó a ser cenizas, dieciocho personas resultaron heridas y Fe del Valle, no regresó de entre las llamas. Esta cubana valerosa murió para salvar el dinero recaudado aquel 13 de abril de 1961, en su departamento del cuarto piso, en la tienda capitalina El Encanto.
Una semana antes del sabotaje a la tienda El Encanto, estalló un petardo en una de las puertas del establecimiento y se recibieron llamadas anónimas que amenazaron con colocar otros artefactos explosivos. Fe, dirigente sindical, y un grupo de trabajadores se dieron a la tarea de revisar cada lugar de la espaciosa y lujosa tienda para evitar que ello pudiera llevarse a cabo.
Por esos días, en una carta escrita a uno de sus hijos que estudiaba en Checoslovaquia, Fe le hablaba de la rápida marcha del proceso revolucionario y expresaba: «Desde luego que todas esas maravillas no pueden conseguirse sin gran esfuerzo de parte del pueblo y así lo explicó bien el Che en una reciente comparecencia y en la cual dijo que esto es una lucha a muerte con nuestros enemigos y que tenemos que estar preparados para todo.»
Al fallecer, víctima del terrorismo, contaba solo con 44 años de edad. Con ella se perdía una valerosa mujer, miliciana y fundadora de la Federación de Mujeres Cubanas. Fe del Valle Ramos no pudo disfrutar de esas maravillas que más tarde se consiguieron con la construcción del Socialismo en Cuba, pero a 60 años de su muerte, su ejemplo perdura entre las féminas cubanas.



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