Carlos González Vidal fue la marioneta designada para perpetrar el siniestro. Dos petacas incendiarias con explosivo C-4, provocaron la llamarada que par de horas después, redujo a escombros siete pisos y más de 60 departamentos.
Grandes lenguas de fuego se elevaron desafiantes en el aire y el calor abrasador, propiciaron un ambiente infernal. Bomberos, milicianos y todo un pueblo revolucionario lucharon sin descanso para doblegar al fuego. No hubo espacio para el sosiego. Buscar entre los escombros un rastro de vida, se impuso ante la fatiga y el dolor provocado por la barbarie.
Una semana antes del sabotaje a la tienda El Encanto, estalló un petardo en una de las puertas del establecimiento y se recibieron llamadas anónimas que amenazaron con colocar otros artefactos explosivos. Fe, dirigente sindical, y un grupo de trabajadores se dieron a la tarea de revisar cada lugar de la espaciosa y lujosa tienda para evitar que ello pudiera llevarse a cabo.
Por esos días, en una carta escrita a uno de sus hijos que estudiaba en Checoslovaquia, Fe le hablaba de la rápida marcha del proceso revolucionario y expresaba: «Desde luego que todas esas maravillas no pueden conseguirse sin gran esfuerzo de parte del pueblo y así lo explicó bien el Che en una reciente comparecencia y en la cual dijo que esto es una lucha a muerte con nuestros enemigos y que tenemos que estar preparados para todo.»
Al fallecer, víctima del terrorismo, contaba solo con 44 años de edad. Con ella se perdía una valerosa mujer, miliciana y fundadora de la Federación de Mujeres Cubanas. Fe del Valle Ramos no pudo disfrutar de esas maravillas que más tarde se consiguieron con la construcción del Socialismo en Cuba, pero a 60 años de su muerte, su ejemplo perdura entre las féminas cubanas.