Para los cubanos, siempre inferiores en número, escasos de armas y bastimentos, era imprescindible conocer al enemigo, anticiparse a sus acciones. Cientos de hombres y mujeres, en campos, pueblos y ciudades, los heroicos «laborantes», los «cuando», agentes voluntarios de la inteligencia mambisa durante las guerras por la independencia, mantenían informadas a las tropas insurrectas de cada paso, movimiento o señal del adversario. Ninguno cobró jamás un centavo por sus servicios, pues no se cobra por defender a la patria.
Fue estrategia también del Ejército Rebelde. El 20 de abril de 1958, en un informe firmado por el entonces comandante Raúl Castro Ruz, dirigido a Fidel, explicaba: «estamos perfeccionando el cuerpo de oficiales de Inteligencia Rebelde (I.R.) que tiene bajo su mando el S.O.C., o sea, el Servicio de Observación Campesina y otras dependencias más de este tipo».
Los órganos de la Seguridad del Estado fueron creados el 26 de marzo de 1959, ante la creciente agresividad del Gobierno estadounidense, dispuesto a recurrir a todo para doblegar a la Revolución. Contra la obra invaluable de esos combatientes se ha estrellado, durante 62 años, cada plan del imperio y sus servicios especiales. Muchas veces se han preguntado, nuestros adversarios, qué fuerza explica la invicta trayectoria de la Seguridad cubana. ¿La respuesta? Es una sola fuerza: la del pueblo.