Aunque en el plano personal conozco a la doctora Nora Orive Rodríguez, recurrí a internet para profundizar en su faceta profesional y dar con su nombre NO fue difícil. Encontré las revistas médicas de gran prestigio que publican sus estudios, su participación en eventos y congresos, los cursos y asesorías impartidos… en fin, Nora Orive me sorprendió mucho más allá de mi conocimiento sobre ella. Esta genetista consagrada es una mujer para admirar y agradecer, NO solo por la obra humana y altruista que realiza, sino también por ser una eterna inconforme que la lleva a planos superiores.
Entre las múltiples virtudes que la distinguen, su capacidad para unir y bien educar a su familia es un factor determinante en la vida de nuestra invitada de hoy. Nora es una esposa admirable, de esas que han estado siempre, en las buenas y en las malas, es una hija cariñosa y preocupada y una madre… bueno, una madre fabulosa. Y si de alguien se siente orgullosa es de sus hijas Niviam y Gretel, dos chicas estupendas que, desde muy jovencitas supieron labrarse su propio futuro. Para ellas, su madre, una mujer consagrada y sensible, es el mejor paradigma en sus vidas, no solo por la reconocida profesional en la que se ha convertido, sino también por sencillez, por su alma noble y eterno optimismo.
Llegar hasta Nora no es difícil, las puertas de su consulta siempre están abiertas para quien la necesite y su corazón siempre dispuesto a ayudar, a consolar, a otorgar esperanzas a la vida.