“Yo siempre me acordaré de los versos de aquel bardo, yo siempre me acordaré, de los versos de aquel bardo, Juan Nápoles y Fajardo, llamado el Cucalambé…”
Sin dudas ésta es una de las tonadas más conocida por los tuneros: El Madrugador, una obra que identifica nuestro terruño y algunas de sus tradiciones. Su autor, el pinareño José Ramón Sánchez, fue un cantante, compositor y guitarrista considerado como uno de los más grandes cultivadores de la tonada guajira. Sus obras musicales, muchas de ellas inéditas, gozan de un gran sabor criollo y hondo patriotismo, pero sin dudas, es El Madrugador la más conocida y tarareada de todas, no por gusto, forma parte del patrimonio sonoro y cultural de Las Tunas y rinde tributo a otro grande: Juan Cristóbal Nápoles y Fajardo.
Esta obra representa un merecido homenaje a una de las glorias indiscutibles de la poesía cubana de todos los tiempos: Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, nuestro Cucalambé. Nació el 1ro de julio de 1829 en la finca El Cornito y fue educado por su abuelo materno, José Rafael Fajardo, quien le enseñó literatura clásica, además de la poesía de autores como Zequeira y Rubalcaba, aprendiendo nociones de retórica y poética junto a su hermano Manuel.
En honor a su obra cada año Las Tunas celebra su Jornada Cucalambeana, un espacio donde llegan fieles amigos de diversas latitudes a intercambiar sobre tradiciones foráneas y autóctonas. Este año, la Cucalambeana desafía las restricciones impuestas por la COVID-19 y de forma virtual se evalúan las obras en concurso.
Juan Cristóbal Nápoles y Fajardo es considerado el más importante cultivador de la décima y la espinela en el siglo XIX en nuestra isla. Su obra estuvo enmarcada, sobre todo, en la poesía siboneyista y criollista cubana, sin descuidar otros géneros que también le llenaron de gloria.
Tras su suicidio en 1862 se publicó póstumamente una Colección de poesías inéditas que vinieron a realzar su calidad como escritor, entre las que se destacan el poemario Rumores del Hórmigo, las décimas populares de tema indio Hatuey y Guarina y la comedia Consecuencias de una falta, por solo citar algunos.
En el soneto Mi retrato el autor se describió a sí mismo:
“Tengo señores el cabello rubio,
Una frente en que cabe un buen escaño
Y dos ojos que son, si no me engaño
Del color de las llamas del Vesubio.
Es larga mi nariz como el Danubio,
Mis orejas también de igual tamaño,
Y caben en mi boca, que es un caño,
Todas las aguas que hubo en el diluvio.
El color de mi rostro es encarnado,
No tengo barbas, ni tenerlas creo;
Soy de talle gigante y muy delgado.
Y siendo, como soy un hombre feo,
De mujeres bonitas hay atajos,
Que incansable me roen los zancajos.
